Paco abrió los ojos. Él todavía estaba desorientado. No podía recordar nada de las horas anteriores. En muy poco tiempo, se dio cuenta que era la mañana. El sol se levantaba sobre las colinas y una brisa fresca soplaba desde el norte. Paco era una araña masculino. Él vivía en el porche delantero del alcalde de una pequeña ciudad desconocida. Paco era joven y muy bello. Tenía 8 patas largas y fuertes con pequeñas manchas negras. Aunque nunca ha visto su cara en un espejo, algunas arañas femeninas le han dicho que estaba muy guapo. Paco soñaba con convertirse en una estrella del teatro.
Pero ahora él se estaba muriendo de hambre. Y su tela de araña estaba completamente vacía, sin ningún insecto. Había chiquititas gotas de roció en los hilos de la tela y la movía un poco con la brisa de vez en cuando. De repente, algo chocó en la tela y instintivamente Paco se movió rápidamente hacia el alboroto. Era una mosca. Como Paco acercaba la mosca que estaba tratando de liberarse furiosamente, el recordó algo de la noche pasada. Él paró enfrente de la mosca que estaba gritando, “¡Señor, no me coma, soy inocente, me llamo Margarita, no me coma, por favor!” La mosca estaba muy pero muy nerviosa y el miedo estaba inundando su cuerpo con la adrenalina. Paco se adelantó suavemente y cuando estaba a punto de comersela, Margarita, con ojos cerrados, esperando el fin de su vida, gritó, “¡Yo sé donde esta el lugar azul!” Paco se paró lleno de supresa y curiosidad.
Pero ahora él se estaba muriendo de hambre. Y su tela de araña estaba completamente vacía, sin ningún insecto. Había chiquititas gotas de roció en los hilos de la tela y la movía un poco con la brisa de vez en cuando. De repente, algo chocó en la tela y instintivamente Paco se movió rápidamente hacia el alboroto. Era una mosca. Como Paco acercaba la mosca que estaba tratando de liberarse furiosamente, el recordó algo de la noche pasada. Él paró enfrente de la mosca que estaba gritando, “¡Señor, no me coma, soy inocente, me llamo Margarita, no me coma, por favor!” La mosca estaba muy pero muy nerviosa y el miedo estaba inundando su cuerpo con la adrenalina. Paco se adelantó suavemente y cuando estaba a punto de comersela, Margarita, con ojos cerrados, esperando el fin de su vida, gritó, “¡Yo sé donde esta el lugar azul!” Paco se paró lleno de supresa y curiosidad.

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